• Belleza
    Mi rutina en invierno

    Secrets des Coquettes Desde que el frío ha llegado oficialmente a Madrid, hace algo más de un mes, he cambiado un poco mi rutina de belleza ya que al tener la piel bastante sensible intento cuidármela lo máximo posible. He añadido varios productos a mi rutina diaria que os enseño en este post.

    Secrets des Coquettes Secrets des Coquettes Soy muy fan de Demak’Up. Siempre compro sus algodones y bastoncillos ya que son mis preferidos. He empezado a utilizar también las toallitas desmaquillantes de la gama Sensitive, ya que desmaquillan con suavidad y la piel se queda fresca e hidratada. Son de agua micelar, así que dejan la piel sin rastros de maquillaje e impurezas.

    Secrets des Coquettes Por la noche he empezado a utilizar Supremÿa la Nuit de Sisley después de desmaquillarme, ya que sentía mi piel muy cansada y falta de hidratación debido al frío. Deja la piel tersa y jugosa y tiene un perfume floral muy agradable.

    Secrets des Coquettes Una vez a la semana, me aplico también la mascarilla éclat instantané de Korres. Es de rosa salvaje y deja la piel cuidada y el rostro radiante.

    Secrets des Coquettes Por último, también he añadido la brume relaxante de L’Occitane a mi rutina. La vaporizo sobre la almohada, y un poco por todas partes en la habitación, antes de irme a dormir y, además de oler muy bien, le da un toque de frescor a la piel super agradable.

    Para tener una piel bonita es muy importante  cuidarla bien, sobre todo cuando es sensible, ya que hay que mantener una rutina y nunca saltársela. ¡Os animo por tanto a seguir siempre la rutina que mejor os vaya! Contadme, ¿cuáles son vuestros nuevos favoritos en vuestra rutina de cuidados? 

    ¡Feliz fin de semana, amores!

  • Reflexiones
    2017

    Secrets des Coquettes El 2016 me ha dado cosas increíbles: he viajado mucho (Nueva York, Boston, Montreal, Portugal, París, Biarritz…),  he aprendido de mis experiencias, me he conocido más a mí misma, he vuelto a clase de japonés porque por fin he encontrado una academia que cuadrase en mi horario de la universidad, he terminado el último cuatrimestre de la uni con asignaturas (ya solo me queda el trabajo final)… Aunque lo más emocionante sin duda ha sido decirle que sí en lo alto del Top of the Rock a la persona que más feliz me hace. Este año también me ha puesto a prueba: que Poupi se pusiera malito y al final tuviéramos que sacrificarlo, que a mi tía, una de las personas más queridas para mí, le detectaran cáncer y haya pasado por una operación y quimioterapia… Por suerte está mucho mejor y hemos terminado 2016 con un buenísimo pronósticos y con muchas esperanzas de que se recupere al 100%. Lo demás, incidentes sin importancia.

    Estoy segura de que para vosotras también habrá habido de todo: experiencias, alegrías, malos momentos, sorpresas… Pese a lo bueno que haya podido ser un año, de este no me quejo aunque ha tenido puntos muy amargos, cuando se acerca el final estoy deseando que acabe para saber que traerá consigo el año nuevo, para poner a cero ese contador emocional que llevamos dentro y sentir fuerzas renovadas para ir a por todas. Hay una frase que leí hace poco y que me gustó tanto que la escribí en la primera página del calendario de mesa que tengo en el escritorio: “And now we welcome the New Year, full of things that have never been.” Esta frase resume cómo me siento todos los años el día 1 de enero: positiva y con ánimo e ilusión a la espera de todo aquello que voy a vivir y aguarda pacientemente que llegue el día en el que me va a sorprenderme. Todos los años, un rato antes de tomar las uvas, me paro a pensar en todos los momentos, tanto buenos como malos, que de algún modo han marcado mi año y me concentro en analizar todo aquello que me ha pasado en estos doce meses que el año anterior me hubiesen resultado impensables. No falla: siempre me sale una sonrisa, porque, o me han pasado cosas verdaderamente increíbles que aún no consigo creerme, o me doy cuenta de que, a pesar de los momentos duros, aquí estoy, con mi familia, mi look de nochevieja, mi copa de champán en la mano y una vocecita en mi interior que me dice “lo has conseguido, a brindar por ello”.

    De este año 2017 espero muchas cosas. ¡Parece que va a ser un año movidito! Christophe y yo nos mudamos en un par de semanas y, como ya sabéis, tenemos entre manos todos los preparativos de la boda. Además, este año me gradúo en traducción junto con mis amigas con las que llevo cuatro años compartiendo momentos inolvidables; esto me produce un sentimiento agridulce porque, aunque esté deseando acabar la carrera, voy a echar mucho de menos todo el tiempo que pasamos juntas y todas las carcajadas que hemos compartido a lo largo de estos años prácticamente a diario. Aunque ya os contaré con más detalle, también estoy planeando un viaje a Japón durante el período de floración de los cerezos y otro a Islandia el mes que viene y como os imaginaréis, ¡me muero de ganas por ir! 

    En definitiva, estoy deseando ver qué tiene el 2017 preparado para mí, qué cosas o personas llegarán a mi vida, qué me sorprenderá este año y de qué evento me acordaré el año que viene en mi tradicional ritual que me recuerde, como siempre, que la vida es una locura maravillosa. ¡Feliz 2017, coquetas!

  • Reflexiones
    Momento Lollipop

    Secrets des Coquettes Hace unas semanas, buscando un vídeo en Ted Talks para un trabajo de clase, acabé en otro. Obviamente. No sabéis lo facilísimamente que me distraigo cuando tengo unos deberes que no me apetecen mucho… Total, que en el vídeo que al final vi, Drew Dudley, motivational speaker, habla sobre el liderazgo y propone un nuevo enfoque. Defiende que tendemos a quitarle importancia a nuestras acciones, ya que pensamos que ninguna es lo suficientemente heroica como para que nos sintamos cómodos considerándonos líderes o ejemplos a seguir para los demás. Durante su intervención, cuenta una anécdota muy graciosa para ilustrar lo que él llama “Momento Lollipop”. El día que terminaba la universidad, se le acercó una chica para decirle que, aunque no habían hablado nunca realmente, había sido alguien muy importante para ella. Le cuenta que el primer día de universidad estaba muerta de miedo, quería abandonar y volver a casa con sus padres, pero allí estaba él repartiendo lollipops haciendo reír a todo el mundo e hizo que sus dudas desaparecieran. El momento lollipop es un instante preciso en el que, la más mínima acción de alguien provoca algo en ti que, de alguna manera, te cambia la vida. Puede ser porque te ayuda a afrontar un problema concreto, a tomar una decisión importante, o simplemente porque te aporta una nueva perspectiva sobre una situación determinada. Lo más increíble de este concepto es que implica que, probablemente, esta persona no guarde en su memoria ese momento exacto de cambio o que no sepa el poder que ejerció sobre ti, porque nunca se lo has hecho saber.

    Reflexionando un poco, me di cuenta de que no sé con exactitud hasta que punto he podido ser alguna vez partícipe del momento lollipop de alguien. ¿Sabéis si vosotras lo habéis sido? o dándole la vuelta a la situación: ¿alguien os ha dicho algo que os haya hecho cambiar de rumbo? La verdad es que no he sido capaz de encontrar un momento lollipop que yo haya creado en alguien, pero os voy a contar el que me sucedió a mí. Hace unos cuantos años, mi amiga Helena, con la que sigo manteniendo el contacto, estaba empeñada en que saliéramos de fiesta pasando antes por casa de una amiga que acababa de hacer para arreglarnos y salir desde ahí. En ese momento, no tenía ganas de eso, me daba pereza salir por la noche, ir a casa de alguien que no conociera y tener que hacer el “esfuerzo” de mantener una conversación con una persona a quien no conocía en absoluto y que, a lo mejor, tampoco me resultaba tan agradable. Al final, al tercer fin de semana, me convenció. Iria, la chica en cuestión, resultó ser un amor. Conectamos enseguida, seguimos quedando y me presentó a muchísima gente, incluida a mi amiga Myriam que es quien me animó a trasladarme a París y me acogió en su casa hasta que pude instalarme. Mi vida es hoy como es porque Helena me hizo salir aquella noche. Si no hubiese conocido a Iria y después a Myriam, ni me hubiera ido a París, ni sabría francés, ni estaría terminado la carrera de Traducción, ni hubiera creado el blog, ni hubiera conocido al que en unos meses será mi marido. Todas estas decisiones han sido mías, por supuesto, pero he tenido la oportunidad de tomarlas gracias a ella.

    Pensamos que los líderes son aquellas personas que han realizado una gran hazaña que ha contribuido a cambiar el mundo y que, como reconocimiento, su legado aparece documentado en los libros de historia, periódicos, etc. Sin embargo, ser líderes no siempre tiene que significar cambiar el mundo, dejar tu huella impresa en él. Todos podemos inspirar a otras personas, tenemos en nosotros una capacidad increíble, y muchas veces poco explotada, para poder desencadenar en otros sentimientos y sensaciones de gran magnitud. La clave está en confiar en nuestro potencial y en el efecto que podemos tenemos sobre los demás. No deberíamos pensar que somos pretenciosos por considerarnos líderes, sin embargo, antes de hacerlo, deberíamos empezar por darle el valor que merecen las acciones que llevamos a cabo cada día y darnos cuenta de que un momento casi insignificante para nosotros puede representar un punto de inflexión en la vida de otra persona.

    Nuestra vida está llena de esos momentos lollipop, a veces somos nosotros los que los creamos, mientras otras, son los demás los que los provocan en nosotros. Esta semana quiero animaros a reflexionar en la importancia que estos momentos pueden tener en vuestra vida y que, sobre todo, penséis si a aquellas personas que en algún momento os ayudaron a mejorar durante una determinada situación, les hicisteis saber y les agradecisteis que pronunciaran esa frase o que realizaran ese gesto que hizo cambiar la dirección de vuestras vidas.

    ¡Espero que tengáis una muy feliz semana!

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